Se acercaban. Aquellos enormes barcos, se acercaban...y pronto desembarcarían.
La orillas heladas estaban protegidas por todos los hombres dispuestos a dar su vida por su país. Aquello era la guerra.
En aquellos barcos se veían los cañones, preparados para atacar en cualquier momento, pero no disparaban todavía y se iban acercando cada vez más.
Yo, a lo alto del acantilado, observaba como se acercaban. Primero eran tres, luego siete y en un momento llegué a contar hasta veinte. El oficial desde abajo gritó:
-Komdu hugrakkur minn! Ekki láta frelsi okkar vera veiddur! Sem Íslandspóstur baráttunni!
Los soldados de la orilla gritaron la última frase dicha por el oficial, yo desde allí, la susurré, porque sabía que aquella batalla sería complicada.
Cargué mi francotirador y me eché al suelo, al borde del acantilado que daba a la orilla.
Los barcos atracaron y todos los que viajaban en él saltaron a la orilla. Eran enormes y tenían armas más mejoradas que las nuestras. Al principio, caían mucho, pero poco a poco fueron apareciendo más...y más...y más...
Busqué con los prismáticos al líder...allí estaba, en el tercer barco, a lo alto. El viento movía su pelo y ondeaba su bufanda. Era espectacular, se merecía llamar líder de aquel ejército, pero nos atacaba y debía detenerle.
Nuestras líneas retrocedían, otros huían y algunos se abalanzaban en un intento desespaerado a los enemigos, que resultaban finalmente destruidos.
Busqué de nuevo al líder, porque si el moría, los desconocidos no tendrán nada que hacer, y se marcharán.
¿Dónde estaba?, no estaba en el tercer barco a lo alto. Mi corazón se encogió "¿Dónde diablos estaba?"

Miré más abajo, a los que daban su vida por su país, cayendo uno a uno rápidamente. Los de fuera eran implacables. Al mirarlos más de cerca, pude distinguir quiénes eran...y le ví, al líder, empuñando una bandera roja con los símbolos de una hoz y un martillo.
Me quedé paralizada, aquello era una masacre y si caían ellos, yo sería la siguiente.
-Etot ostrov dolzhen bytʹ nash, nash putʹ v SSHA! Borʹba za Rossiyu, bratiya! Rossii rastet, i nam s nim! Vozvrashchenie v Rossiyu kak geroev!
Al final cogió el bazooka que llevaba uno de los comandates de él y disparó a nuestro fuerte. Seguidamente, tiró el bazooka, cogió el fusil y corrió disparando a cada uno que se interpusiese en su camino. A la mitad, paró y se volvió hacia mí. "¿Cómo sabía que estaba allí?". Alzo el fusil hacia donde me encontraba y disparó. Noté como la bala pasaba cerca de mi cabeza. El miedo me hizo lanzar un grito ahogado, "¿Qué iba a hacer ahora? Si yo muero, mi gente morirá también e Islandia no existirá. Si me salvase con los habitantes restantes, podría salvar Islandia." Me levanté a bajar de aquel lugar para llegar a la otra punta de la isla.
Pero...me encontré con él. Se encontraba frente mía. Los demás seguían luchando pero para mí, el tiempo se había detenido. Éramos yo y él, nada más.
Le apunté rápidamente, pero él, como si ya lo supiese desde el principio, lanzó algo, no sabría decir qué porque fue todo muy rápido, y le dió a mi arma e hizo caerla a unos metros. Era mi fin, estaba desprotegida y ya no podía hacer nada pero aun así, me resistiría hasta el final.
Busqué mi arma. Había caído a unos metros detrás mía. Me dí la vuelta para cogerla pero me noté un tirón del brazo y me hizo mirar hacia delante. Alcé la mirada para verle. No me soltaba, y me apuntaba con un revólver en el cuello y poco a poco lo fue subiendo hasta colocarlo al lado de mi cabeza.

-No te muevas, podrías salir herida y... no me gustaría que eso pasase- sus palabras acabaron en una sonrisa.
Retiré la mirada brusacemnte e inmediatamente él, suavamente, guió mi barbilla con el revólver para que le mirase de nuevo. La presión en mi brazo aumentó
-¿Qué te pasa? ¿De qué tienes miedo? ¿De mí?
"Sí, tenía razón pero quería salvar mi isla."
Me resistí, conseguí liberarme, coger el arma y apuntarle, pero de nuevo, él le dió un fuerte golpe con el brazo y la hizo caer por el precipicio. Le miré con unos ojos que infundían terror. Me quedé quieta, esperando que pasara lo qie sabía que pasaría, pero no llegó.
-¿No quieres armas? Pues no habrá armas.- y tiró la suya por el precipicio.
"¿¡Qué hacía!? ¡Si no me mataba con un disparo a la cabeza, me mataría a puñetazos!"
Sin saber cómo, me hizo caer en la nieve. Mis manos se helaban pero las de él no, llevaba unos guantes de cuero.
Él se vino abajo conmigo, sujetando con sus manos mis brazos, dejándome totalmente inmóvil.
Me resistí, intentamdo levantarme, haciendo la poca fuerza que me quedaba...sin éxito. Él era más fuerte. Moví las piernas, intentando darle, pero él hizo más presión en mis brazos y tuve que parar. Ya no me quedaban fuerzas para nada.
-¿Sabes? Me gusta que te resistas un poco.
Cerré los ojos, aquello no podía estar pasando.
Se acercó a mi cuello. Sentí el vaho que desprendía por el frío.
-Te necesito.- dijo solamente.
"¿Necesitarme para qué? ¿Qué quiere de mi isla"?
Sus labios rozaron mi cuello. Sentí escalofrío, pero pronto empecé a sentir calidez. Dejé de ejercer fuerza.
Satisfecho, se levantó y me llevó con él al borde del acantilado. Me rodeó con su brazo derecho y alzó el izquierdo en un puño.
-Russkie bratʹya! Islandiya yavlyaet·sya nashim! Da zdravstvuet Rossiya! Da zdravstvuet Rossiya!
Observé como los que nos invadieron grtiaban con alegría. La gente de la isla me miró, con trsiteza y dejaron caer las armas.
"Si yo caigo, ellos también."
Él me miró de nuevo. Estaba tan cerca que pude sentir su aliento.
-Vuelve a tu casa, mañana vendrán más para desembarcar. No intentes nada raro, porque si yo quisiera, esta porción de tierra no existiría

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Al día siguiente cuando me desperté y me asomé a la ventana. Habían llegado tantos barcos que no podía contarlos y allí estaba él, dirigiéndolo todo. Se volvió, me miró a los ojos y sonrió, no con mala fe, sino con una sonrisa agradable.
Esto era el principio de una larga historia...


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