domingo, 18 de marzo de 2012

[3]Libertad a precio de sangre

La ley del más fuerte...los débiles son dominados por los más fuertes y acaban siendo olvidados... Eso es lo que me había pasado, o lo que me pasaría dentro de poco.Aquel edificio que estaban construyendo era una fábrica para producir armamento en su guerra contra EE.UU. Querían la isla para tener su base allí y para producir, exlplotando a sus habitantes ¿Cómo me había enterado? Por los soldados y oficiales de él. Tenían a toda la población este de la isla trabajando, construyendo armas o haciendo otras fábricas. Los manipulaba como les viniese en gana...al igual que él hizo conmigo.
Después de lo ocurrido, me encerraron en la primera fábrica que construyeron. No había ventanas y solo entraba un hilillo de luz por una rendija de la puerta. Estaba acurrucada en la esquina de la sala. Tenía frío y sobre todo, miedo. "Por qué a tí, Noru?" Por qué me había abandonado, por qué tiene que manipularlo todo él, por qué no podían vivir todos en paz y no causarle males a nadie.

-¡Sois una panda de vagos indeseables! ¡Si no se trabaja, no ha comida! ¿¡Entendido!?

Escuchaba voces al otro lado de la puerta. Al parecer, había algún que otro que se negaba a trabajr para ellos. Que vergüenza por mi parte, ellos luchaban por la libertad y yo ya había perdido toda esperanza.
Las voces elevaban cada vez más el tono. Se notaba más tensión en el ambiente aunque fuera incapaz de verlo con mis propios ojos.
Como si todos se hubiesen puesto de acuerdo, callaron y se hizo un silencio escalofriante..y se escuchó un disparo.
Me sobresalté  y fui hacia la rendija rápidamente para ver qué había pasado. Mi gente empezó a musmurar y el grito de atención del extranjero los hizo callar. Pude verle y cuando se apartó, vi a uno de mis ciudados sobre el suelo tendido en un charco de sangre. Era aquel que había defendido su dignidad y tal vez no me atrevía a defender la mía por miedo a que me ocurriese lo mismo. Pero aquello...
Ellos estaban sufriendo, tenían miedo y yo estaba (por ahora) a salvo en aquella sala, aunque estuviese encerrada.
Entonces...grité.
Un gritó de desahogo, un grito de desesperación...un grito reclamando libertad.
Escuché a los extranjeros hablando entre ellos pero no me dieron importancia y siguieron dirijiendo a mi gente.
Me levanté y cargué contra la puerta. Silencio. Mirando al suelo, dejé caer las lágrimas. Arremetí contra la puerta de nuevo y así varias veces. La puerta iba cediendo. "Vamos, un poco más" Apreté los dientes y arremetí por última vez contra la puerta hasta que cayó a mis pies dejándome ver a mi gente trabajando como unas hormigas para otros, y eso, yo no lo consentiría.

-Ísland! Ísland! líta!- gritó un hombre

Todos comenzaron a hablar, subiendo el tono e ignoraban al que había completamente a los extranjeros que intentaban poner orden. Nuestras miradas se cruzaron, mi gente y yo, sin ignorar al que había dado su vida por conseguir la libertad

-Við eruð Íslensku!- grité con todas mis ansias.

Los demás levantaron el puño  y dieron un grito de ánimo. Miré a los guarias extranjeros. Sus ojos transmitían un profundo miedo, normal supongo, una pistola no puede destruir un país entero...pero una nación si puede acabar con la vida de dos simples personas.
Me dirigí hacia ellos con paso seguro, sin detenerme. Cogí un fusil recién terminado y con pasos firmes, sin vacilar, me coloqué al frente del primero. No reaccionaba. Tenía los ojos muy abiertos, pero no reaccionaba. Apreté el gatillo y...nada. "¿Pero que...?¿Cómo iba a estar cargada cuando está acabada de hacer?"
El extranjero se rió formando escándalo intencionadamente, volviéndose hacia sus otros dos compañeros para que riesen con él...cuando cayó su cuerpo, inerte, delante de ellos que quedaron sorprendidos. Tras el cadáver, yo, con la parte trasera del fusil en alto y con la otra mano, el cartucho de balas. Cargué el fusil, sin retirar la mirada y les apunté extendiendo el brazo. Esta vez sí, disparé y la bala perforó la frente de uno de ellos. Que cayó hacia atras junto a su otro compañero.
La puerta de la fábrica se abrió de un fuerte golpe y todos miramos hacia allí. Él, de nuevo, para dejarme reducida a la nada, pero esta vez actuaré antes que él.

-¡Señor Ru...!

No le dió tiempo a terminar la frase. Un tiro certero en la cabeza se llevó su alma.

-¿¡Qué demonios has hecho!?- él gritó horrorizado

-¿¡Por qué no me dejas en paz de una vez!? ¡Te odio!

-¿Recuerdas lo que te dije?- él se fue acercando.

-¡Olvídame! ¡No quiero saber nada de ti! ¡Ojalá no existieses!

-Estás consiguiendo que me enfade y deberías saber que yo cumplo mis promesas.

-¿¡Y yo qué!? ¿¡No tengo derecho a enfadarme!?

Él calló y miró a mi pueblo que observaba la escena en total silencio. Cuatro muertos y dos naciones, una sin control y la otra capaz de destruirlo todo en segundos. Con razón, se notaba la tensión entre ellos.
Ahora, él se encontraba en frente mía y yo era incapaz de dispararle y acabar con aquello de una vez. Se acercó a mí y con delicadeza, retiró un mechón de pelo y lo colocó tras mi oreja y seguidamente se acercó a mi oído...y de nuevo, aquella sensación.

-Me gustaría mucho poder hablar contigo en mi casa, no te obligo a venir, solo que si no vienes estaré sumamente aburrido y para entretenerme...no sé, ¿por qué no explotar esta fábrica...con todos ellos dentro?-susurró.

Mi corazón se encogió. Los miré a todos ellos, y ellos a mí, suplicando con la mirada que los sacase de allí. No tenía otra opción.

-Iré- y dejé el fusil en la mesa de trabajo más cercana.

Él, por su parte, sonrió.

-Genial entonces. Sígueme- volvió la mirada a cuatro de sus hombres- Retirad los cuerpos y volved a poner orden aquí. Volveré en cuanto pueda.

Una vez más, estaba bajo su mando y habiendo caído en cuestión de segundos. Todo se arreglaría, por supuesto.
Caminamos, los dos solos por la desierta llanura de la isla hasta llegar a la zona de las aguas termales. Cerca, estaba su cas. Era grande comparada con la mía o la de cualquier otro habitante.



-Bienvenida a mi modesto hogar

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